Oradexon organon solución acuosa inyectable

Ámbito de Acción: Integumentario

Laboratorio

Organon chile

Presentación
Envase conteniendo 1 ampolla de 1 mL
Dosis Práctica
Sin información

Principio Activo

Dexametasona fosfato

Composición

Cada mL de solución acuosa contiene: Fosfato Sódico de Dexametasona 5 mg (equivalente a 4 mg aproximadamente de Dexametasona.).

Especies

Sin información

Posología

La dexametasona fosfato se emplea de manera limitada como glucocorticoide sistémico, ya que en la práctica la mayoría de los veterinarios prefieren prednisona o prednisolona por vía oral cuando se requiere un agente antiinflamatorio o inmunosupresor. Aun así, la dexametasona sigue teniendo un papel importante en situaciones específicas debido a su alta potencia y prolongada duración de efecto biológico (puede superar las 48 horas), lo que implica un mayor riesgo de supresión adrenal incluso administrada en días alternos. Sus aplicaciones clínicas en perros incluyen el manejo de crisis addisonianas, tratamientos antiinflamatorios o inmunosupresores, y como herramienta diagnóstica en pruebas de supresión con dexametasona para confirmar hiperadrenocorticismo (síndrome de Cushing).

Uso antiinflamatorio general: 

  • 0,5–1 mg IV o IM, dosis repetibles durante 3–5 días.
  • 0,25–1,25 mg VO al día, divididas en 1–2 tomas.
Insuficiencia adrenal (crisis addisoniana, como terapia de reemplazo):

  • Dosis inicial: 0,1–0,2 mg/kg IV de fosfato sódico de dexametasona.
  • Puede continuarse con 0,05–0,1 mg/kg IV cada 12 h hasta pasar a prednisona oral como terapia de mantenimiento.
  • Alternativamente, una dosis única de 0,2–0,5 mg/kg IV puede usarse como estabilización inicial.

Tratamiento adyuvante agudo en emergencias (shock, hipovolemia, desequilibrios electrolíticos, hipoglucemia, hipercalcemia):

  • Tras tomar muestras diagnósticas, puede administrarse 0,5–2 mg/kg IV de fosfato sódico de dexametasona como parte de la estabilización inicial, seguido de 0,05–0,1 mg/kg cada 12 h IV hasta pasar a terapia oral.

Inmunosupresión (ej. trombocitopenia inmunomediada):

  • 0,35 mg/kg IV cada 24 h de fosfato sódico de dexametasona (uso no aprobado formalmente, pero descrito en literatura clínica).
Prueba de supresión con dexametasona (diagnóstico de hiperadrenocorticismo):

  • Dosis baja (0,01 mg/kg IV): Se toman muestras de cortisol basal, a las 4 y 8 horas. Valores de cortisol >1,4 µg/dl a las 8 h son sugestivos de Cushing. Esta prueba es sensible y ayuda a diferenciar causas pituitarias vs adrenales.
  • Dosis alta (0,1 mg/kg IV): Indicada para diferenciar hiperadrenocorticismo pituitario de adrenal cuando la prueba con dosis baja es inconcluyente. La supresión >50% respecto del basal a las 8 h apoya origen pituitario.
  • Prueba oral (0,1 mg/kg cada 8 h por 3 dosis): Usada en combinación con la medición de la proporción cortisol:creatinina en orina, permite confirmar hiperadrenocorticismo pituitario en un entorno más práctico para el propietario.

Se usa de forma extraetiqueta y, en general, se prefiere la prednisolona por vía oral, ya que es mejor tolerada y más predecible en esta especie. Cuando se opta por dexametasona, la dosis debe calcularse como un 10–20% de la dosis de prednisolona, lo que significa que una tableta de 0,75 mg de dexametasona equivale aproximadamente a una de 5 mg de prednisolona. Se utiliza en tratamientos antiinflamatorios e inmunosupresores, tanto en presentación oral como inyectable, y también tiene un papel importante en el diagnóstico de hiperadrenocorticismo felino mediante la prueba de supresión con dexametasona.

Uso antiinflamatorio general:

  • 0,125–0,5 mg IV o IM, repetible durante 3–5 días.
  • 0,125–0,5 mg VO por día, en 1 o 2 tomas.

Equivalencia con prednisolona (uso oral):

  • Dexametasona se administra al 10–20% de la dosis de prednisolona.
  • 0,75 mg de dexametasona ≈ 5 mg de prednisolona.

Prueba de supresión con dexametasona en dosis bajas (diagnóstico de hiperadrenocorticismo felino, uso no aprobado):


  • Dosis: 0,1 mg/kg IV.
  • Se toma una muestra basal y otras dos a las 4 y 8 horas post-administración.

En gatos normales, el cortisol se suprime a valores <1,5 µg/dl a las 8 horas.
En gatos con hiperadrenocorticismo no hay supresión, aunque algunos casos pueden mostrar respuesta normal con dosis bajas.

Si el índice de sospecha es alto y la prueba es negativa, puede repetirse con 0,01 mg/kg IV, aunque en esta dosis algunos gatos normales no muestran supresión.

Roedores pequeños (ratones, ratas, gerbos, hámsteres, cobayos, chinchillas)

En especies de laboratorio y mascotas exóticas, la dexametasona se ha utilizado como antiinflamatorio, aunque siempre de forma extraetiqueta.

  • Dosis: 0,6 mg/kg IM (uso no aprobado).

Bovinos

En bovinos se emplea tanto en indicaciones aprobadas como en protocolos extraetiqueta.

  • Mordeduras/picaduras de insectos (adyuvante): 2 mg/kg IM o IV cada 4 h; en caso de anafilaxis debe asociarse a epinefrina (uso no aprobado).
  • Cetosis bovina primaria (indicación aprobada): 5–20 mg IV o IM.

Equinos

La dexametasona es un glucocorticoide de uso frecuente en caballos, tanto en indicaciones aprobadas como en patologías respiratorias crónicas.

Agente antiinflamatorio (indicación aprobada):

  • Dexametasona inyectable: 2,5–5 mg IV o IM.
  • Fosfato sódico de dexametasona: 2,5–5 mg IV.

Obstrucción recurrente de las vías aéreas (RAO, uso no aprobado):

En un caballo de 500 kg: iniciar con 40 mg IM día por medio, 3 aplicaciones, luego reducir progresivamente a 35 mg, 30 mg y así sucesivamente, siempre con intervalos de un día, hasta lograr el control clínico o suspender cuando no sea necesario.

Indicaciones

La dexametasona fosfato es un glucocorticoide sintético de alta potencia y acción prolongada, ampliamente utilizado en medicina veterinaria con fines antiinflamatorios, inmunosupresores y de reemplazo endocrino. Sus indicaciones clínicas abarcan tres grandes áreas:

1) terapia de reemplazo en casos de insuficiencia adrenal,
2) tratamiento antiinflamatorio en procesos agudos y crónicos,
3) inmunosupresión en enfermedades mediadas por hipersensibilidad o autoinmunidad.

En perros y gatos se utiliza para el manejo de alergias cutáneas y respiratorias (dermatitis atópica, asma felino, anafilaxia), trastornos hematológicos inmunomediados como trombocitopenia y anemia hemolítica autoinmune, enfermedades reumatológicas (artritis inmunomediada, poliartritis), alteraciones gastrointestinales inflamatorias (colitis ulcerativa, enteritis inmunomediada), enfermedades renales inmunomediadas (síndrome nefrótico), patologías neurológicas con edema cerebral y en el manejo paliativo de ciertos procesos neoplásicos (linfoma, leucemias). En equinos, bovinos y otras especies de abasto, la dexametasona fosfato se emplea para enfermedades inflamatorias respiratorias, musculoesqueléticas, dermatológicas y alérgicas, además de su uso en protocolos reproductivos (inducción del parto en bovinos y ovinos, maduración pulmonar fetal). Puede administrarse por vía parenteral (IV, IM, SC), intraarticular o tópica (oftálmica, dermatológica) según la presentación, y su inicio de acción es rápido debido a la forma soluble de fosfato sódico. No obstante, el uso de dosis altas como terapia de shock o trauma medular ya no está recomendado, dado que la evidencia demuestra falta de beneficio y potencial aumento de complicaciones. En todos los casos, la indicación debe ser cuidadosamente evaluada, considerando los riesgos de inmunosupresión, retraso en la cicatrización, ulceración gastrointestinal, hepatomegalia esteroidea, iatrogenia endocrina (hiperadrenocorticismo) y supresión del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal.

Acciones

La dexametasona fosfato, al igual que otros glucocorticoides sintéticos, ejerce un amplio espectro de acciones sobre casi todos los sistemas del organismo, lo que explica su gran valor terapéutico pero también sus riesgos. A nivel del aparato cardiovascular, reduce la permeabilidad capilar, favorece la vasoconstricción y puede inducir un modesto efecto inotrópico positivo, con aumentos de la presión arterial atribuibles tanto a sus efectos vasculares como a la expansión del volumen sanguíneo. En el nivel celular e inmune, inhibe la proliferación de fibroblastos, la respuesta de macrófagos y linfocitos a los mediadores inflamatorios, la liberación de linfocinas y la producción de interferón, además de estabilizar las membranas lisosomales y reducir el número de mastocitos y la síntesis de histamina; estos mecanismos explican su potente acción antiinflamatoria e inmunosupresora. En el sistema hematopoyético provoca leucograma de estrés (neutrofilia, linfopenia, eosinopenia, monocitopenia), aumenta plaquetas y eritrocitos circulantes pero inhibe la agregación plaquetaria y la eliminación de eritrocitos senescentes, pudiendo inducir involución del tejido linfoide. En el tracto gastrointestinal e hígado, incrementa la secreción de ácido gástrico y enzimas digestivas, reduce la producción de mucina y la proliferación de células epiteliales, lo que favorece ulceraciones; en el hígado promueve la acumulación de glucógeno y lípidos y eleva enzimas hepáticas séricas (ALT, GGT, fosfatasa alcalina). A nivel metabólico, estimula la gluconeogénesis y la movilización proteica, redistribuye la grasa corporal con tendencia a lipogénesis abdominal, aumenta triglicéridos, colesterol y ácidos grasos circulantes, lo que puede inducir resistencia a la insulina y predisposición a diabetes esteroidea. En el sistema musculoesquelético, puede causar atrofia muscular, osteoporosis, retraso del crecimiento óseo por inhibición de la hormona del crecimiento y somatomedinas, y aumento de la resorción ósea. En ojos, el uso crónico se asocia con glaucoma, cataratas y exoftalmos. En el riñón y balance hidroelectrolítico, aumenta la excreción de potasio y calcio, la reabsorción de sodio y cloro, y el volumen extracelular, pudiendo inducir diuresis y raramente hipopotasemia o hipocalcemia. En la piel, el tratamiento prolongado provoca adelgazamiento dérmico, atrofia cutánea, alopecia y folículos pilosos distendidos. En conjunto, estas acciones explican tanto su eficacia clínica en procesos inflamatorios e inmunomediados, como la necesidad de un uso prudente y controlado para minimizar efectos adversos.

Farmacocinética

La dexametasona fosfato presenta una farmacocinética característica de los glucocorticoides de alta potencia: tras su administración, la vida media plasmática en perros es relativamente corta, de aproximadamente 2 a 5 horas, sin embargo, sus efectos biológicos se prolongan hasta 48 horas o más, debido a la modulación de la transcripción génica y a la persistencia de sus acciones sobre receptores intracelulares. En caballos, se ha demostrado que una dosis de 0,05 mg/kg administrada por vía oral, IV, IM o intraarticular produce una supresión del cortisol endógeno que no retorna a valores basales sino hasta 96–120 horas en las vías parenterales e intraarticular, y alrededor de 72 horas tras la vía oral, lo que refleja una actividad fisiológica más prolongada que la vida media plasmática. La biodisponibilidad oral en pequeños animales es buena, aunque la absorción puede variar según la forma farmacéutica, siendo el fosfato sódico de acción más rápida y soluble en comparación con el acetato de dexametasona. El fármaco se distribuye ampliamente en tejidos, atraviesa la placenta y se une de manera moderada a proteínas plasmáticas, mientras que su metabolismo ocurre principalmente en el hígado, con excreción renal de metabolitos inactivos. En gatos, la farmacocinética es menos estudiada, pero se considera que la duración de efecto es similar o incluso más prolongada que en perros, lo que debe tenerse en cuenta para ajustar los intervalos de dosificación.

Efectos Adversos

La dexametasona fosfato, como otros glucocorticoides de alta potencia, puede producir una amplia gama de efectos adversos, cuya gravedad depende de la dosis, la duración del tratamiento y la especie. En perros, el uso prolongado, especialmente con dosis altas o sin un esquema posológico en días alternos, se asocia con úlceras/perforaciones y hemorragias gastrointestinales, además de signos de hiperadrenocorticismo iatrogénico (poliuria, polidipsia, polifagia, alopecia bilateral simétrica, hepatomegalia, distensión abdominal). En tratamientos a corto plazo con dosis altas, también pueden observarse PU/PD/PP, aumento de peso, jadeo, vómitos, diarrea, elevación de enzimas hepáticas, pancreatitis, lipidemia, activación o exacerbación de diabetes mellitus, pérdida de masa muscular y cambios de comportamiento (depresión, letargia, agresividad). En cachorros y animales en crecimiento, puede producir retraso del desarrollo óseo y muscular. En gatos, aunque suelen requerir dosis más elevadas para obtener un efecto clínico, presentan menor incidencia de efectos adversos que los perros, aunque se han reportado PU/PD/PP, aumento de peso, diarrea, depresión y, en tratamientos prolongados con dosis altas, síndrome de Cushing iatrogénico. En equinos, se ha relacionado la administración de dexametasona y triamcinolona con el desarrollo de laminitis, especialmente en animales predispuestos o bajo estrés metabólico. En general, los efectos adversos más frecuentes se asocian con la terapia inmunosupresora de largo plazo, mientras que los regímenes de corta duración y en dosis antiinflamatorias tienden a ser mejor tolerados. La identificación temprana de signos clínicos adversos y el ajuste o cambio a otro glucocorticoide puede ser necesario para minimizar complicaciones.

Contraindicaciones

La dexametasona fosfato presenta diversas contraindicaciones y precauciones que deben considerarse antes de su uso clínico. Debido a que posee un efecto mineralocorticoide prácticamente nulo, no debe emplearse como monoterapia en casos de insuficiencia adrenal, donde se requiere suplementación con un mineralocorticoide.

El uso de formulaciones inyectables con propilenglicol como base no debe administrarse por vía IV rápida, ya que puede ocasionar hipotensión, colapso circulatorio y anemia hemolítica; en estos casos, la opción más segura es el fosfato sódico de dexametasona. En perros, la dexametasona se asocia con un mayor riesgo de complicaciones y hemorragias gastrointestinales en comparación con la prednisona, por lo que se recomienda emplear la dosis mínima eficaz. En pacientes caninos sometidos a neurocirugía, existe una alta incidencia de hemorragia gastrointestinal y perforación colónica, similar a lo reportado con succinato sódico de metilprednisolona; por ello, deben preferirse prednisona o prednisolona siempre que sea posible, utilizando la menor dosis y duración del tratamiento. Animales con función renal comprometida presentan mayor susceptibilidad a los efectos gastrointestinales adversos. En conejos, incluso una sola dosis puede inducir efectos tóxicos severos, por lo que su uso está altamente desaconsejado. De manera general, el empleo sistémico de glucocorticoides está contraindicado en infecciones fúngicas sistémicas, salvo en terapia de reemplazo para enfermedad de Addison; también está contraindicado su uso por vía IM en trombocitopenia idiopática y en pacientes con hipersensibilidad al principio activo. Las formulaciones inyectables de liberación sostenida no deben utilizarse para corticoterapia sistémica prolongada, debido al riesgo elevado de efectos adversos graves. Además, la suspensión del tratamiento debe realizarse de forma gradual, salvo en terapias muy breves con dosis altas, ya que la recuperación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal es lenta y durante este periodo, ante situaciones de estrés (cirugía, trauma, enfermedad), se requieren dosis adicionales de glucocorticoides. Finalmente, los pacientes con diabetes mellitus sospechada o confirmada, así como aquellos con cardiopatías, en especial los gatos, deben recibir dexametasona con precaución, dado su potente efecto hiperglucemiante y catabólico.

Sobredosis

La dexametasona fosfato, cuando se administra a corto plazo, es poco probable que produzca efectos adversos graves, incluso en dosis masivas, debido a su perfil farmacológico y a la capacidad de los mamíferos de tolerar glucocorticoides de forma transitoria. Sin embargo, se ha descrito en perros un caso de intoxicación aguda accidental tras la ingestión de altas dosis, que provocó signos neurológicos agudos, los cuales requirieron únicamente tratamiento sintomático y de sostén hasta su resolución. Los efectos más temidos de una sobredosis incluyen alteraciones del sistema nervioso central, taquicardia, hipertensión, poliuria intensa, polidipsia, vómitos y ulceración gastrointestinal aguda. En general, la toxicidad aguda es rara y autolimitada, pero el riesgo aumenta con el uso prolongado o repetido, donde pueden manifestarse los efectos adversos típicos de la corticoterapia crónica, como hiperadrenocorticismo iatrogénico, inmunosupresión severa, alteraciones metabólicas y daño musculoesquelético. En caso de sobredosificación, el tratamiento recomendado es de sostén, con control de fluidos, protección gastrointestinal y monitorización de parámetros clínicos y bioquímicos, ya que no existe antídoto específico.

Seguridad Reproductiva

La dexametasona fosfato debe emplearse con extrema precaución en gestación y lactancia, ya que su seguridad no está plenamente establecida en medicina veterinaria. En grandes animales, el uso de corticosteroides puede inducir el parto de manera prematura, sobre todo en los estadios finales de la gestación, y se ha asociado con el riesgo de aborto o nacimiento de crías débiles. La FDA la clasifica como categoría C para su empleo en personas gestantes, lo que implica que los estudios en animales han demostrado efectos adversos sobre el feto, mientras que no existen estudios adecuados y controlados en mujeres; por lo tanto, su uso debe reservarse a situaciones en las que el beneficio terapéutico supere claramente el riesgo potencial. En caninos y felinos, Papich (1989) también la ubica en la categoría C, con la advertencia de que puede ser peligrosa y que su administración debe limitarse a circunstancias en las que no existan alternativas más seguras. Además, el uso prolongado de glucocorticoides durante la gestación puede ocasionar teratogénesis, paladar hendido, bajo peso al nacer, supresión adrenal neonatal y alteraciones del desarrollo óseo. En cuanto a la lactancia, no se dispone de datos concluyentes sobre la excreción de dexametasona en la leche materna de perros, gatos o especies mayores, pero por analogía con otras especies y con humanos, se asume que puede excretarse en cantidades bajas y potencialmente interferir con el eje adrenal de las crías lactantes. Por tanto, su uso en hembras gestantes o en lactancia debe restringirse a situaciones de emergencia o cuando no haya alternativas, siempre bajo control veterinario estricto.

Interacción Medicamentosa

La dexametasona fosfato puede interactuar con numerosos fármacos, potenciando efectos adversos, alterando su metabolismo o disminuyendo la eficacia terapéutica. Muchas de estas interacciones no contraindican absolutamente su uso conjunto, pero obligan a un monitoreo clínico cuidadoso, ajustes de dosis y precaución según la condición del paciente. Por ejemplo, al asociarse con antiinflamatorios no esteroidales aumenta el riesgo de lesiones gastrointestinales graves, mientras que con medicamentos que inducen o inhiben enzimas hepáticas, sus niveles plasmáticos pueden variar significativamente. También pueden aparecer desequilibrios electrolíticos, inmunosupresión aumentada o resultados alterados en pruebas diagnósticas y de laboratorio.

Interacciones documentadas o posibles:

  • Agentes anticolinesterásicos (neostigmina, piridostigmina): riesgo de debilidad muscular profunda en pacientes con miastenia gravis.
  • AINEs y aspirina: aumentan el riesgo de ulceración y sangrado gastrointestinal.
  • Anfotericina B: potencia la hipopotasemia.
  • Antibióticos macrólidos (eritromicina, claritromicina): reducen el metabolismo de la dexametasona, elevando sus niveles séricos.
  • Barbitúricos, fenitoína, rifampicina, efedrina: aumentan la metabolización de la dexametasona, disminuyendo su eficacia.
  • Ciclofosfamida: posible inhibición de su metabolismo hepático, con necesidad de ajustar dosis.
  • Ciclosporina: inhibición mutua del metabolismo, con aumento de niveles séricos de ambas drogas.
  • Diazepam: la dexametasona puede reducir sus concentraciones plasmáticas.
  • Diuréticos perdedores de potasio (espironolactona, triamtereno): potencian la hipopotasemia.
  • Ketoconazol y otros antifúngicos azólicos: inhiben el metabolismo de la dexametasona y, al suspenderse, pueden precipitar insuficiencia adrenal.
  • Mitotano: altera la metabolización de esteroides, pudiendo requerirse dosis más altas de glucocorticoides.
  • Quinidina: en perros, la dexametasona aumenta su volumen de distribución y vida media de eliminación.
  • Insulina: los requerimientos aumentan por el efecto hiperglucemiante de la dexametasona.
  • Indometacina: puede interferir en la prueba de supresión con dexametasona.
  • Vacunas: las de virus vivos atenuados pueden replicarse en exceso en pacientes inmunosuprimidos; además, la respuesta inmunológica a vacunas inactivadas, toxoides o bacterinas se ve reducida.

Consideraciones de laboratorio: la dexametasona puede suprimir el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, alterar pruebas endocrinas (TSH, T3, T4), inducir hipopotasemia, hipercolesterolemia y glucosuria, así como modificar hemogramas (linfopenia persistente, neutrofilia transitoria). Estas alteraciones deben tenerse en cuenta para no confundir efectos farmacológicos con enfermedad subyacente.

Última actualización: 19/05/2025 23:40

Dexametasona fosfato

Cada mL de solución acuosa contiene: Fosfato Sódico de Dexametasona 5 mg (equivalente a 4 mg aproximadamente de Dexametasona.).

Sin información

La dexametasona fosfato se emplea de manera limitada como glucocorticoide sistémico, ya que en la práctica la mayoría de los veterinarios prefieren prednisona o prednisolona por vía oral cuando se requiere un agente antiinflamatorio o inmunosupresor. Aun así, la dexametasona sigue teniendo un papel importante en situaciones específicas debido a su alta potencia y prolongada duración de efecto biológico (puede superar las 48 horas), lo que implica un mayor riesgo de supresión adrenal incluso administrada en días alternos. Sus aplicaciones clínicas en perros incluyen el manejo de crisis addisonianas, tratamientos antiinflamatorios o inmunosupresores, y como herramienta diagnóstica en pruebas de supresión con dexametasona para confirmar hiperadrenocorticismo (síndrome de Cushing).

Uso antiinflamatorio general: 

  • 0,5–1 mg IV o IM, dosis repetibles durante 3–5 días.
  • 0,25–1,25 mg VO al día, divididas en 1–2 tomas.
Insuficiencia adrenal (crisis addisoniana, como terapia de reemplazo):

  • Dosis inicial: 0,1–0,2 mg/kg IV de fosfato sódico de dexametasona.
  • Puede continuarse con 0,05–0,1 mg/kg IV cada 12 h hasta pasar a prednisona oral como terapia de mantenimiento.
  • Alternativamente, una dosis única de 0,2–0,5 mg/kg IV puede usarse como estabilización inicial.

Tratamiento adyuvante agudo en emergencias (shock, hipovolemia, desequilibrios electrolíticos, hipoglucemia, hipercalcemia):

  • Tras tomar muestras diagnósticas, puede administrarse 0,5–2 mg/kg IV de fosfato sódico de dexametasona como parte de la estabilización inicial, seguido de 0,05–0,1 mg/kg cada 12 h IV hasta pasar a terapia oral.

Inmunosupresión (ej. trombocitopenia inmunomediada):

  • 0,35 mg/kg IV cada 24 h de fosfato sódico de dexametasona (uso no aprobado formalmente, pero descrito en literatura clínica).
Prueba de supresión con dexametasona (diagnóstico de hiperadrenocorticismo):

  • Dosis baja (0,01 mg/kg IV): Se toman muestras de cortisol basal, a las 4 y 8 horas. Valores de cortisol >1,4 µg/dl a las 8 h son sugestivos de Cushing. Esta prueba es sensible y ayuda a diferenciar causas pituitarias vs adrenales.
  • Dosis alta (0,1 mg/kg IV): Indicada para diferenciar hiperadrenocorticismo pituitario de adrenal cuando la prueba con dosis baja es inconcluyente. La supresión >50% respecto del basal a las 8 h apoya origen pituitario.
  • Prueba oral (0,1 mg/kg cada 8 h por 3 dosis): Usada en combinación con la medición de la proporción cortisol:creatinina en orina, permite confirmar hiperadrenocorticismo pituitario en un entorno más práctico para el propietario.

Se usa de forma extraetiqueta y, en general, se prefiere la prednisolona por vía oral, ya que es mejor tolerada y más predecible en esta especie. Cuando se opta por dexametasona, la dosis debe calcularse como un 10–20% de la dosis de prednisolona, lo que significa que una tableta de 0,75 mg de dexametasona equivale aproximadamente a una de 5 mg de prednisolona. Se utiliza en tratamientos antiinflamatorios e inmunosupresores, tanto en presentación oral como inyectable, y también tiene un papel importante en el diagnóstico de hiperadrenocorticismo felino mediante la prueba de supresión con dexametasona.

Uso antiinflamatorio general:

  • 0,125–0,5 mg IV o IM, repetible durante 3–5 días.
  • 0,125–0,5 mg VO por día, en 1 o 2 tomas.

Equivalencia con prednisolona (uso oral):

  • Dexametasona se administra al 10–20% de la dosis de prednisolona.
  • 0,75 mg de dexametasona ≈ 5 mg de prednisolona.

Prueba de supresión con dexametasona en dosis bajas (diagnóstico de hiperadrenocorticismo felino, uso no aprobado):


  • Dosis: 0,1 mg/kg IV.
  • Se toma una muestra basal y otras dos a las 4 y 8 horas post-administración.

En gatos normales, el cortisol se suprime a valores <1,5 µg/dl a las 8 horas.
En gatos con hiperadrenocorticismo no hay supresión, aunque algunos casos pueden mostrar respuesta normal con dosis bajas.

Si el índice de sospecha es alto y la prueba es negativa, puede repetirse con 0,01 mg/kg IV, aunque en esta dosis algunos gatos normales no muestran supresión.

Roedores pequeños (ratones, ratas, gerbos, hámsteres, cobayos, chinchillas)

En especies de laboratorio y mascotas exóticas, la dexametasona se ha utilizado como antiinflamatorio, aunque siempre de forma extraetiqueta.

  • Dosis: 0,6 mg/kg IM (uso no aprobado).

Bovinos

En bovinos se emplea tanto en indicaciones aprobadas como en protocolos extraetiqueta.

  • Mordeduras/picaduras de insectos (adyuvante): 2 mg/kg IM o IV cada 4 h; en caso de anafilaxis debe asociarse a epinefrina (uso no aprobado).
  • Cetosis bovina primaria (indicación aprobada): 5–20 mg IV o IM.

Equinos

La dexametasona es un glucocorticoide de uso frecuente en caballos, tanto en indicaciones aprobadas como en patologías respiratorias crónicas.

Agente antiinflamatorio (indicación aprobada):

  • Dexametasona inyectable: 2,5–5 mg IV o IM.
  • Fosfato sódico de dexametasona: 2,5–5 mg IV.

Obstrucción recurrente de las vías aéreas (RAO, uso no aprobado):

En un caballo de 500 kg: iniciar con 40 mg IM día por medio, 3 aplicaciones, luego reducir progresivamente a 35 mg, 30 mg y así sucesivamente, siempre con intervalos de un día, hasta lograr el control clínico o suspender cuando no sea necesario.

La dexametasona fosfato es un glucocorticoide sintético de alta potencia y acción prolongada, ampliamente utilizado en medicina veterinaria con fines antiinflamatorios, inmunosupresores y de reemplazo endocrino. Sus indicaciones clínicas abarcan tres grandes áreas:

1) terapia de reemplazo en casos de insuficiencia adrenal,
2) tratamiento antiinflamatorio en procesos agudos y crónicos,
3) inmunosupresión en enfermedades mediadas por hipersensibilidad o autoinmunidad.

En perros y gatos se utiliza para el manejo de alergias cutáneas y respiratorias (dermatitis atópica, asma felino, anafilaxia), trastornos hematológicos inmunomediados como trombocitopenia y anemia hemolítica autoinmune, enfermedades reumatológicas (artritis inmunomediada, poliartritis), alteraciones gastrointestinales inflamatorias (colitis ulcerativa, enteritis inmunomediada), enfermedades renales inmunomediadas (síndrome nefrótico), patologías neurológicas con edema cerebral y en el manejo paliativo de ciertos procesos neoplásicos (linfoma, leucemias). En equinos, bovinos y otras especies de abasto, la dexametasona fosfato se emplea para enfermedades inflamatorias respiratorias, musculoesqueléticas, dermatológicas y alérgicas, además de su uso en protocolos reproductivos (inducción del parto en bovinos y ovinos, maduración pulmonar fetal). Puede administrarse por vía parenteral (IV, IM, SC), intraarticular o tópica (oftálmica, dermatológica) según la presentación, y su inicio de acción es rápido debido a la forma soluble de fosfato sódico. No obstante, el uso de dosis altas como terapia de shock o trauma medular ya no está recomendado, dado que la evidencia demuestra falta de beneficio y potencial aumento de complicaciones. En todos los casos, la indicación debe ser cuidadosamente evaluada, considerando los riesgos de inmunosupresión, retraso en la cicatrización, ulceración gastrointestinal, hepatomegalia esteroidea, iatrogenia endocrina (hiperadrenocorticismo) y supresión del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal.

La dexametasona fosfato, al igual que otros glucocorticoides sintéticos, ejerce un amplio espectro de acciones sobre casi todos los sistemas del organismo, lo que explica su gran valor terapéutico pero también sus riesgos. A nivel del aparato cardiovascular, reduce la permeabilidad capilar, favorece la vasoconstricción y puede inducir un modesto efecto inotrópico positivo, con aumentos de la presión arterial atribuibles tanto a sus efectos vasculares como a la expansión del volumen sanguíneo. En el nivel celular e inmune, inhibe la proliferación de fibroblastos, la respuesta de macrófagos y linfocitos a los mediadores inflamatorios, la liberación de linfocinas y la producción de interferón, además de estabilizar las membranas lisosomales y reducir el número de mastocitos y la síntesis de histamina; estos mecanismos explican su potente acción antiinflamatoria e inmunosupresora. En el sistema hematopoyético provoca leucograma de estrés (neutrofilia, linfopenia, eosinopenia, monocitopenia), aumenta plaquetas y eritrocitos circulantes pero inhibe la agregación plaquetaria y la eliminación de eritrocitos senescentes, pudiendo inducir involución del tejido linfoide. En el tracto gastrointestinal e hígado, incrementa la secreción de ácido gástrico y enzimas digestivas, reduce la producción de mucina y la proliferación de células epiteliales, lo que favorece ulceraciones; en el hígado promueve la acumulación de glucógeno y lípidos y eleva enzimas hepáticas séricas (ALT, GGT, fosfatasa alcalina). A nivel metabólico, estimula la gluconeogénesis y la movilización proteica, redistribuye la grasa corporal con tendencia a lipogénesis abdominal, aumenta triglicéridos, colesterol y ácidos grasos circulantes, lo que puede inducir resistencia a la insulina y predisposición a diabetes esteroidea. En el sistema musculoesquelético, puede causar atrofia muscular, osteoporosis, retraso del crecimiento óseo por inhibición de la hormona del crecimiento y somatomedinas, y aumento de la resorción ósea. En ojos, el uso crónico se asocia con glaucoma, cataratas y exoftalmos. En el riñón y balance hidroelectrolítico, aumenta la excreción de potasio y calcio, la reabsorción de sodio y cloro, y el volumen extracelular, pudiendo inducir diuresis y raramente hipopotasemia o hipocalcemia. En la piel, el tratamiento prolongado provoca adelgazamiento dérmico, atrofia cutánea, alopecia y folículos pilosos distendidos. En conjunto, estas acciones explican tanto su eficacia clínica en procesos inflamatorios e inmunomediados, como la necesidad de un uso prudente y controlado para minimizar efectos adversos.

La dexametasona fosfato presenta una farmacocinética característica de los glucocorticoides de alta potencia: tras su administración, la vida media plasmática en perros es relativamente corta, de aproximadamente 2 a 5 horas, sin embargo, sus efectos biológicos se prolongan hasta 48 horas o más, debido a la modulación de la transcripción génica y a la persistencia de sus acciones sobre receptores intracelulares. En caballos, se ha demostrado que una dosis de 0,05 mg/kg administrada por vía oral, IV, IM o intraarticular produce una supresión del cortisol endógeno que no retorna a valores basales sino hasta 96–120 horas en las vías parenterales e intraarticular, y alrededor de 72 horas tras la vía oral, lo que refleja una actividad fisiológica más prolongada que la vida media plasmática. La biodisponibilidad oral en pequeños animales es buena, aunque la absorción puede variar según la forma farmacéutica, siendo el fosfato sódico de acción más rápida y soluble en comparación con el acetato de dexametasona. El fármaco se distribuye ampliamente en tejidos, atraviesa la placenta y se une de manera moderada a proteínas plasmáticas, mientras que su metabolismo ocurre principalmente en el hígado, con excreción renal de metabolitos inactivos. En gatos, la farmacocinética es menos estudiada, pero se considera que la duración de efecto es similar o incluso más prolongada que en perros, lo que debe tenerse en cuenta para ajustar los intervalos de dosificación.

La dexametasona fosfato, como otros glucocorticoides de alta potencia, puede producir una amplia gama de efectos adversos, cuya gravedad depende de la dosis, la duración del tratamiento y la especie. En perros, el uso prolongado, especialmente con dosis altas o sin un esquema posológico en días alternos, se asocia con úlceras/perforaciones y hemorragias gastrointestinales, además de signos de hiperadrenocorticismo iatrogénico (poliuria, polidipsia, polifagia, alopecia bilateral simétrica, hepatomegalia, distensión abdominal). En tratamientos a corto plazo con dosis altas, también pueden observarse PU/PD/PP, aumento de peso, jadeo, vómitos, diarrea, elevación de enzimas hepáticas, pancreatitis, lipidemia, activación o exacerbación de diabetes mellitus, pérdida de masa muscular y cambios de comportamiento (depresión, letargia, agresividad). En cachorros y animales en crecimiento, puede producir retraso del desarrollo óseo y muscular. En gatos, aunque suelen requerir dosis más elevadas para obtener un efecto clínico, presentan menor incidencia de efectos adversos que los perros, aunque se han reportado PU/PD/PP, aumento de peso, diarrea, depresión y, en tratamientos prolongados con dosis altas, síndrome de Cushing iatrogénico. En equinos, se ha relacionado la administración de dexametasona y triamcinolona con el desarrollo de laminitis, especialmente en animales predispuestos o bajo estrés metabólico. En general, los efectos adversos más frecuentes se asocian con la terapia inmunosupresora de largo plazo, mientras que los regímenes de corta duración y en dosis antiinflamatorias tienden a ser mejor tolerados. La identificación temprana de signos clínicos adversos y el ajuste o cambio a otro glucocorticoide puede ser necesario para minimizar complicaciones.

La dexametasona fosfato presenta diversas contraindicaciones y precauciones que deben considerarse antes de su uso clínico. Debido a que posee un efecto mineralocorticoide prácticamente nulo, no debe emplearse como monoterapia en casos de insuficiencia adrenal, donde se requiere suplementación con un mineralocorticoide.

El uso de formulaciones inyectables con propilenglicol como base no debe administrarse por vía IV rápida, ya que puede ocasionar hipotensión, colapso circulatorio y anemia hemolítica; en estos casos, la opción más segura es el fosfato sódico de dexametasona. En perros, la dexametasona se asocia con un mayor riesgo de complicaciones y hemorragias gastrointestinales en comparación con la prednisona, por lo que se recomienda emplear la dosis mínima eficaz. En pacientes caninos sometidos a neurocirugía, existe una alta incidencia de hemorragia gastrointestinal y perforación colónica, similar a lo reportado con succinato sódico de metilprednisolona; por ello, deben preferirse prednisona o prednisolona siempre que sea posible, utilizando la menor dosis y duración del tratamiento. Animales con función renal comprometida presentan mayor susceptibilidad a los efectos gastrointestinales adversos. En conejos, incluso una sola dosis puede inducir efectos tóxicos severos, por lo que su uso está altamente desaconsejado. De manera general, el empleo sistémico de glucocorticoides está contraindicado en infecciones fúngicas sistémicas, salvo en terapia de reemplazo para enfermedad de Addison; también está contraindicado su uso por vía IM en trombocitopenia idiopática y en pacientes con hipersensibilidad al principio activo. Las formulaciones inyectables de liberación sostenida no deben utilizarse para corticoterapia sistémica prolongada, debido al riesgo elevado de efectos adversos graves. Además, la suspensión del tratamiento debe realizarse de forma gradual, salvo en terapias muy breves con dosis altas, ya que la recuperación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal es lenta y durante este periodo, ante situaciones de estrés (cirugía, trauma, enfermedad), se requieren dosis adicionales de glucocorticoides. Finalmente, los pacientes con diabetes mellitus sospechada o confirmada, así como aquellos con cardiopatías, en especial los gatos, deben recibir dexametasona con precaución, dado su potente efecto hiperglucemiante y catabólico.

La dexametasona fosfato, cuando se administra a corto plazo, es poco probable que produzca efectos adversos graves, incluso en dosis masivas, debido a su perfil farmacológico y a la capacidad de los mamíferos de tolerar glucocorticoides de forma transitoria. Sin embargo, se ha descrito en perros un caso de intoxicación aguda accidental tras la ingestión de altas dosis, que provocó signos neurológicos agudos, los cuales requirieron únicamente tratamiento sintomático y de sostén hasta su resolución. Los efectos más temidos de una sobredosis incluyen alteraciones del sistema nervioso central, taquicardia, hipertensión, poliuria intensa, polidipsia, vómitos y ulceración gastrointestinal aguda. En general, la toxicidad aguda es rara y autolimitada, pero el riesgo aumenta con el uso prolongado o repetido, donde pueden manifestarse los efectos adversos típicos de la corticoterapia crónica, como hiperadrenocorticismo iatrogénico, inmunosupresión severa, alteraciones metabólicas y daño musculoesquelético. En caso de sobredosificación, el tratamiento recomendado es de sostén, con control de fluidos, protección gastrointestinal y monitorización de parámetros clínicos y bioquímicos, ya que no existe antídoto específico.

La dexametasona fosfato debe emplearse con extrema precaución en gestación y lactancia, ya que su seguridad no está plenamente establecida en medicina veterinaria. En grandes animales, el uso de corticosteroides puede inducir el parto de manera prematura, sobre todo en los estadios finales de la gestación, y se ha asociado con el riesgo de aborto o nacimiento de crías débiles. La FDA la clasifica como categoría C para su empleo en personas gestantes, lo que implica que los estudios en animales han demostrado efectos adversos sobre el feto, mientras que no existen estudios adecuados y controlados en mujeres; por lo tanto, su uso debe reservarse a situaciones en las que el beneficio terapéutico supere claramente el riesgo potencial. En caninos y felinos, Papich (1989) también la ubica en la categoría C, con la advertencia de que puede ser peligrosa y que su administración debe limitarse a circunstancias en las que no existan alternativas más seguras. Además, el uso prolongado de glucocorticoides durante la gestación puede ocasionar teratogénesis, paladar hendido, bajo peso al nacer, supresión adrenal neonatal y alteraciones del desarrollo óseo. En cuanto a la lactancia, no se dispone de datos concluyentes sobre la excreción de dexametasona en la leche materna de perros, gatos o especies mayores, pero por analogía con otras especies y con humanos, se asume que puede excretarse en cantidades bajas y potencialmente interferir con el eje adrenal de las crías lactantes. Por tanto, su uso en hembras gestantes o en lactancia debe restringirse a situaciones de emergencia o cuando no haya alternativas, siempre bajo control veterinario estricto.

La dexametasona fosfato puede interactuar con numerosos fármacos, potenciando efectos adversos, alterando su metabolismo o disminuyendo la eficacia terapéutica. Muchas de estas interacciones no contraindican absolutamente su uso conjunto, pero obligan a un monitoreo clínico cuidadoso, ajustes de dosis y precaución según la condición del paciente. Por ejemplo, al asociarse con antiinflamatorios no esteroidales aumenta el riesgo de lesiones gastrointestinales graves, mientras que con medicamentos que inducen o inhiben enzimas hepáticas, sus niveles plasmáticos pueden variar significativamente. También pueden aparecer desequilibrios electrolíticos, inmunosupresión aumentada o resultados alterados en pruebas diagnósticas y de laboratorio.

Interacciones documentadas o posibles:

  • Agentes anticolinesterásicos (neostigmina, piridostigmina): riesgo de debilidad muscular profunda en pacientes con miastenia gravis.
  • AINEs y aspirina: aumentan el riesgo de ulceración y sangrado gastrointestinal.
  • Anfotericina B: potencia la hipopotasemia.
  • Antibióticos macrólidos (eritromicina, claritromicina): reducen el metabolismo de la dexametasona, elevando sus niveles séricos.
  • Barbitúricos, fenitoína, rifampicina, efedrina: aumentan la metabolización de la dexametasona, disminuyendo su eficacia.
  • Ciclofosfamida: posible inhibición de su metabolismo hepático, con necesidad de ajustar dosis.
  • Ciclosporina: inhibición mutua del metabolismo, con aumento de niveles séricos de ambas drogas.
  • Diazepam: la dexametasona puede reducir sus concentraciones plasmáticas.
  • Diuréticos perdedores de potasio (espironolactona, triamtereno): potencian la hipopotasemia.
  • Ketoconazol y otros antifúngicos azólicos: inhiben el metabolismo de la dexametasona y, al suspenderse, pueden precipitar insuficiencia adrenal.
  • Mitotano: altera la metabolización de esteroides, pudiendo requerirse dosis más altas de glucocorticoides.
  • Quinidina: en perros, la dexametasona aumenta su volumen de distribución y vida media de eliminación.
  • Insulina: los requerimientos aumentan por el efecto hiperglucemiante de la dexametasona.
  • Indometacina: puede interferir en la prueba de supresión con dexametasona.
  • Vacunas: las de virus vivos atenuados pueden replicarse en exceso en pacientes inmunosuprimidos; además, la respuesta inmunológica a vacunas inactivadas, toxoides o bacterinas se ve reducida.

Consideraciones de laboratorio: la dexametasona puede suprimir el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, alterar pruebas endocrinas (TSH, T3, T4), inducir hipopotasemia, hipercolesterolemia y glucosuria, así como modificar hemogramas (linfopenia persistente, neutrofilia transitoria). Estas alteraciones deben tenerse en cuenta para no confundir efectos farmacológicos con enfermedad subyacente.

Última actualización: 19/05/2025 23:40