Apomorfina
Ámbito de Acción: Digestivo
Laboratorio
ITF Labomed Farmaceutica
Presentación
Dosis Práctica
Principio Activo
Apomorfina
Composición
Especies
Posología
La posología de apomorfina en caninos para la inducción del vómito se establece principalmente en situaciones de urgencia tras la ingestión reciente de sustancias potencialmente tóxicas (no cáusticas ni corrosivas). La elección de la vía de administración dependerá del estado del paciente, del acceso venoso y de los recursos disponibles en el momento.
- Vía intravenosa (IV): Es la vía preferida por su rápido inicio de acción. Se utiliza en dosis de 0,03 a 0,04 mg/kg IV. Suele inducir el vómito en un lapso de 2 a 5 minutos. Se recomienda su administración lenta y bajo monitoreo, ya que puede generar efectos adversos como depresión respiratoria o sedación. En casos más severos o refractarios, se ha utilizado una dosis de hasta 0,04 mg/kg IV.
- Vía intramuscular (IM) o subcutánea (SC): Se puede administrar en dosis de 0,04 a 0,08 mg/kg, aunque presenta una latencia más prolongada (10 a 20 minutos) y una eficacia algo menor que la vía IV. Es útil cuando no se dispone de acceso venoso.
- Vía subconjuntival (tópica en el saco conjuntival): Una vía muy utilizada en medicina veterinaria por su seguridad y practicidad, especialmente en el ámbito clínico ambulatorio. Se administra una dosis aproximada de 0,25 mg por animal, colocando una pequeña cantidad de la tableta triturada disuelta en agua dentro del saco conjuntival inferior. El vómito se produce en 5 a 10 minutos. Una vez logrado el efecto deseado, se debe enjuagar el saco conjuntival con solución salina para eliminar cualquier residuo no absorbido, lo cual previene la absorción continua o una estimulación prolongada del centro del vómito.
En todos los casos, es fundamental monitorear al animal tras la administración de apomorfina. En caso de efectos adversos severos, como depresión respiratoria o sedación excesiva, se puede utilizar naloxona como antídoto.
La apomorfina no debe utilizarse si el paciente ha ingerido sustancias cáusticas, espumantes, hidrocarburos (como gasolina), cuerpos extraños punzantes o si existe alteración del nivel de conciencia, convulsiones o dificultad respiratoria.
La apomorfina no se recomienda generalmente en felinos para la inducción del vómito, ya que su eficacia es baja y los efectos adversos son más frecuentes y potencialmente severos en esta especie. Los gatos son menos sensibles a la estimulación del centro del vómito por dopaminérgicos como la apomorfina, y pueden presentar reacciones adversas como excitación, depresión del SNC o incluso colapso sin haber logrado el vómito.
En situaciones excepcionales donde se haya intentado su uso, se han utilizado dosis de 0,04 mg/kg por vía IV, pero con muy bajo éxito clínico y con alto riesgo de efectos adversos. Por esta razón, su uso no se recomienda rutinariamente en gatos, y otras alternativas como la xilazina (0,44 mg/kg IM) o la dexmedetomidina se consideran opciones más seguras y efectivas para inducir el vómito en esta especie.
En caso de haber administrado apomorfina a un gato por error o por necesidad urgente, es fundamental monitorear estrechamente al paciente y estar preparado para revertir posibles efectos adversos con naloxona o realizar un tratamiento sintomático de soporte.
Indicaciones
La apomorfina es un fármaco emético utilizado principalmente en medicina veterinaria para inducir el vómito en perros en situaciones de urgencia, tras la ingestión reciente de sustancias tóxicas. Su uso se basa en la necesidad de eliminar del estómago agentes potencialmente dañinos antes de que sean absorbidos por el organismo.
Está indicada en casos en que el animal ha ingerido sustancias peligrosas como fármacos, alimentos tóxicos (como chocolate o uvas), venenos o cuerpos extraños no punzantes, siempre que no hayan transcurrido más de 2 horas desde la ingestión y que no existan contraindicaciones para inducir el vómito.
No se recomienda su uso en gatos, ya que estos no responden adecuadamente al fármaco y presentan un mayor riesgo de efectos adversos.
También puede considerarse en protocolos de desintoxicación dentro de hospitales veterinarios como parte de un manejo más amplio, acompañado de carbón activado, fluidoterapia o tratamientos específicos según el tipo de tóxico.
Acciones
La apomorfina actúa principalmente como un agonista dopaminérgico con fuerte afinidad por los receptores D2 localizados en el sistema nervioso central, en particular en la zona gatillo quimiorreceptora (CTZ) del bulbo raquídeo, que es responsable de activar el reflejo del vómito. Esta estimulación produce la activación del centro del vómito, generando una respuesta rápida y efectiva en los perros.
Además de su efecto emético, la apomorfina tiene propiedades sedantes y depresoras del sistema nervioso central, especialmente en dosis elevadas o en animales sensibles. Aunque su acción está centrada en inducir el vómito, también puede provocar efectos adversos neurológicos, como depresión, letargia o incluso colapso, si no se dosifica adecuadamente.
En los perros, su efecto emético es generalmente eficaz, con una latencia de acción corta tras la administración, dependiendo de la vía utilizada (IV, IM o subconjuntival). Sin embargo, en los gatos, la apomorfina es mucho menos efectiva debido a diferencias en la sensibilidad de los receptores dopaminérgicos y por ello no se recomienda su uso rutinario en esta especie.
Farmacocinética
La farmacocinética de la apomorfina depende en gran medida de la vía de administración. Cuando se administra por vía intravenosa (IV), su acción emética es muy rápida, iniciándose habitualmente dentro de los 2 a 5 minutos. Por vía intramuscular (IM) o subcutánea (SC), el inicio del vómito puede demorar entre 5 a 15 minutos. La vía subconjuntival, que consiste en aplicar la apomorfina en el saco conjuntival del ojo, también provoca vómito en un periodo similar, pero con una absorción más variable.
La apomorfina tiene una biodisponibilidad moderada a alta y se une en forma significativa a los receptores dopaminérgicos D2 en la zona gatillo quimiorreceptora (CTZ) del sistema nervioso central. Tiene una vida media corta, lo que limita su duración de acción y favorece su uso en procedimientos rápidos como la inducción del vómito en situaciones de urgencia.
Tras su efecto emético, la droga se metaboliza principalmente en el hígado y sus metabolitos se eliminan por vía renal. Su depuración es rápida, lo que permite que los efectos adversos desaparezcan con relativa prontitud, aunque en algunos casos puede ser necesario administrar un antagonista como la naloxona si la depresión del sistema nervioso central persiste.
Efectos Adversos
La apomorfina puede provocar diversos efectos adversos, especialmente cuando se administra en dosis excesivas o en animales sensibles. El más frecuente es una depresión del sistema nervioso central, que puede manifestarse como letargia, somnolencia o incluso colapso en casos severos. Estos efectos suelen ser transitorios, pero pueden requerir tratamiento con antagonistas opioides como naloxona si son intensos o prolongados.
En algunos perros, especialmente si se administra por vía subconjuntival, puede producirse una irritación ocular, caracterizada por enrojecimiento, lagrimeo y molestias locales. Por ello, una vez logrado el vómito, es recomendable enjuagar el saco conjuntival con solución salina estéril para eliminar los restos del fármaco.
Otros efectos adversos posibles incluyen bradicardia, hipotensión, excitación paradójica, inquietud, vómitos prolongados o persistentes, así como ataxia o temblores musculares.
En gatos, los efectos adversos son más frecuentes y peligrosos, incluyendo hiperexcitación, vocalización, colapso, vómito no inducido, y depresión profunda del SNC. Debido a esta respuesta poco predecible y a la baja eficacia emética, su uso está desaconsejado en esta especie.
En casos de sobredosis o sensibilidad individual, los efectos adversos pueden intensificarse y requerir intervención médica urgente.
Contraindicaciones
La apomorfina está contraindicada en diversas situaciones clínicas debido a los riesgos asociados con la inducción del vómito o los efectos farmacológicos del fármaco. No debe utilizarse en animales que hayan ingerido sustancias cáusticas (lejía, ácidos), bases fuertes, hidrocarburos (como gasolina), productos espumantes, o cualquier sustancia que pueda causar lesiones esofágicas o neumonía por aspiración.
También está contraindicada en pacientes con trastornos neurológicos, como convulsiones, trastornos del estado de conciencia o traumatismos craneoencefálicos, ya que el vómito inducido podría provocar complicaciones graves.
No debe administrarse en casos de obstrucción gastrointestinal, íleo paralítico, cuerpos extraños punzantes ni en animales con alteraciones respiratorias severas o dificultad para tragar, por el riesgo de aspiración.
En gatos, la apomorfina no se recomienda debido a su baja eficacia y alta incidencia de efectos adversos, como excitación o depresión del SNC.
Debe emplearse con precaución en animales geriátricos, debilitados o con enfermedades cardiovasculares, ya que puede producir colapso, bradicardia o hipotensión. Además, si el animal no ha ingerido alimento en las últimas 2 horas o ha vomitado espontáneamente, su uso puede no estar justificado.
Sobredosis
La sobredosis de apomorfina puede provocar efectos adversos severos, principalmente por su acción estimulante y posteriormente depresora del sistema nervioso central. Los signos clínicos más comunes incluyen depresión profunda, colapso, bradicardia, hipotensión, ataxia, vómitos intensos o prolongados, temblores musculares y coma en casos graves. En algunos animales, también puede observarse excitabilidad paradójica o vocalización intensa antes de que se manifieste la depresión del SNC.
Cuando se aplica por vía subconjuntival, si no se enjuaga oportunamente el ojo luego de inducido el vómito, la reabsorción continua del fármaco puede contribuir a una exposición prolongada y aumentar el riesgo de toxicidad. Por eso, una práctica esencial tras inducir el vómito por esta vía es lavar el saco conjuntival con solución salina estéril para interrumpir la absorción residual.
El tratamiento de la sobredosis incluye medidas de soporte, como el control de la función cardiopulmonar, la administración de líquidos intravenosos si hay hipotensión, y, en casos necesarios, el uso de antagonistas opioides como la naloxona para revertir los efectos centrales depresores.
En gatos, incluso pequeñas dosis pueden provocar efectos adversos graves, por lo que la sobredosis es particularmente peligrosa en esta especie y se debe evitar el uso de apomorfina.
Seguridad Reproductiva
La información sobre la seguridad reproductiva y durante la lactancia de la apomorfina en animales de compañía es limitada. No existen estudios controlados suficientes en perros o gatos que evalúen los efectos teratogénicos, embriotóxicos o fetotóxicos de este fármaco. Sin embargo, dada su acción dopaminérgica central y potencial depresor del sistema nervioso central, su uso no está recomendado durante la gestación, a menos que los beneficios superen claramente los riesgos.
De forma general, se recomienda evitar la administración de apomorfina en hembras gestantes o lactantes, ya que los cambios fisiológicos durante estas etapas pueden alterar su farmacocinética, aumentando el riesgo de efectos adversos tanto para la madre como para las crías. Además, al tener buena penetración en tejidos, es posible que se excrete en la leche materna, lo que podría afectar a neonatos lactantes.
Por precaución, y en ausencia de estudios concluyentes, se sugiere restringir su uso a situaciones estrictamente necesarias y bajo monitoreo veterinario adecuado.
Interacción Medicamentosa
La apomorfina puede interactuar con diversos medicamentos, alterando su eficacia o aumentando el riesgo de efectos adversos. Debido a su mecanismo de acción dopaminérgico, fármacos que interfieren con la dopamina o con la neurotransmisión central pueden modificar su respuesta clínica.
Los agonistas dopaminérgicos pueden potenciar sus efectos, mientras que los antagonistas dopaminérgicos, como las fenotiazinas (por ejemplo, acepromazina), metoclopramida y butirofenonas, pueden bloquear sus efectos eméticos, impidiendo que se logre el vómito deseado. Por este motivo, no deben administrarse en conjunto si el objetivo es inducir emesis.
Los sedantes y depresores del sistema nervioso central, como los opioides, benzodiacepinas o barbitúricos, pueden aumentar la depresión del SNC inducida por la apomorfina, incrementando el riesgo de colapso, bradicardia o coma. En estos casos, es fundamental monitorear estrechamente al paciente y considerar el uso de antagonistas como naloxona si la depresión se prolonga.
No se recomienda su uso simultáneo con medicamentos antieméticos o aquellos que afectan el vaciamiento gástrico, ya que pueden reducir la eficacia del tratamiento con apomorfina. Asimismo, los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) pueden alterar su metabolismo y aumentar el riesgo de efectos neurológicos.
Siempre se debe considerar el historial farmacológico del paciente antes de administrar apomorfina, ya que su perfil de interacción puede comprometer la seguridad del tratamiento.
Última actualización: 03/08/2025 20:18
La posología de apomorfina en caninos para la inducción del vómito se establece principalmente en situaciones de urgencia tras la ingestión reciente de sustancias potencialmente tóxicas (no cáusticas ni corrosivas). La elección de la vía de administración dependerá del estado del paciente, del acceso venoso y de los recursos disponibles en el momento.
- Vía intravenosa (IV): Es la vía preferida por su rápido inicio de acción. Se utiliza en dosis de 0,03 a 0,04 mg/kg IV. Suele inducir el vómito en un lapso de 2 a 5 minutos. Se recomienda su administración lenta y bajo monitoreo, ya que puede generar efectos adversos como depresión respiratoria o sedación. En casos más severos o refractarios, se ha utilizado una dosis de hasta 0,04 mg/kg IV.
- Vía intramuscular (IM) o subcutánea (SC): Se puede administrar en dosis de 0,04 a 0,08 mg/kg, aunque presenta una latencia más prolongada (10 a 20 minutos) y una eficacia algo menor que la vía IV. Es útil cuando no se dispone de acceso venoso.
- Vía subconjuntival (tópica en el saco conjuntival): Una vía muy utilizada en medicina veterinaria por su seguridad y practicidad, especialmente en el ámbito clínico ambulatorio. Se administra una dosis aproximada de 0,25 mg por animal, colocando una pequeña cantidad de la tableta triturada disuelta en agua dentro del saco conjuntival inferior. El vómito se produce en 5 a 10 minutos. Una vez logrado el efecto deseado, se debe enjuagar el saco conjuntival con solución salina para eliminar cualquier residuo no absorbido, lo cual previene la absorción continua o una estimulación prolongada del centro del vómito.
En todos los casos, es fundamental monitorear al animal tras la administración de apomorfina. En caso de efectos adversos severos, como depresión respiratoria o sedación excesiva, se puede utilizar naloxona como antídoto.
La apomorfina no debe utilizarse si el paciente ha ingerido sustancias cáusticas, espumantes, hidrocarburos (como gasolina), cuerpos extraños punzantes o si existe alteración del nivel de conciencia, convulsiones o dificultad respiratoria.
La apomorfina no se recomienda generalmente en felinos para la inducción del vómito, ya que su eficacia es baja y los efectos adversos son más frecuentes y potencialmente severos en esta especie. Los gatos son menos sensibles a la estimulación del centro del vómito por dopaminérgicos como la apomorfina, y pueden presentar reacciones adversas como excitación, depresión del SNC o incluso colapso sin haber logrado el vómito.
En situaciones excepcionales donde se haya intentado su uso, se han utilizado dosis de 0,04 mg/kg por vía IV, pero con muy bajo éxito clínico y con alto riesgo de efectos adversos. Por esta razón, su uso no se recomienda rutinariamente en gatos, y otras alternativas como la xilazina (0,44 mg/kg IM) o la dexmedetomidina se consideran opciones más seguras y efectivas para inducir el vómito en esta especie.
En caso de haber administrado apomorfina a un gato por error o por necesidad urgente, es fundamental monitorear estrechamente al paciente y estar preparado para revertir posibles efectos adversos con naloxona o realizar un tratamiento sintomático de soporte.
La apomorfina es un fármaco emético utilizado principalmente en medicina veterinaria para inducir el vómito en perros en situaciones de urgencia, tras la ingestión reciente de sustancias tóxicas. Su uso se basa en la necesidad de eliminar del estómago agentes potencialmente dañinos antes de que sean absorbidos por el organismo.
Está indicada en casos en que el animal ha ingerido sustancias peligrosas como fármacos, alimentos tóxicos (como chocolate o uvas), venenos o cuerpos extraños no punzantes, siempre que no hayan transcurrido más de 2 horas desde la ingestión y que no existan contraindicaciones para inducir el vómito.
No se recomienda su uso en gatos, ya que estos no responden adecuadamente al fármaco y presentan un mayor riesgo de efectos adversos.
También puede considerarse en protocolos de desintoxicación dentro de hospitales veterinarios como parte de un manejo más amplio, acompañado de carbón activado, fluidoterapia o tratamientos específicos según el tipo de tóxico.
La apomorfina actúa principalmente como un agonista dopaminérgico con fuerte afinidad por los receptores D2 localizados en el sistema nervioso central, en particular en la zona gatillo quimiorreceptora (CTZ) del bulbo raquídeo, que es responsable de activar el reflejo del vómito. Esta estimulación produce la activación del centro del vómito, generando una respuesta rápida y efectiva en los perros.
Además de su efecto emético, la apomorfina tiene propiedades sedantes y depresoras del sistema nervioso central, especialmente en dosis elevadas o en animales sensibles. Aunque su acción está centrada en inducir el vómito, también puede provocar efectos adversos neurológicos, como depresión, letargia o incluso colapso, si no se dosifica adecuadamente.
En los perros, su efecto emético es generalmente eficaz, con una latencia de acción corta tras la administración, dependiendo de la vía utilizada (IV, IM o subconjuntival). Sin embargo, en los gatos, la apomorfina es mucho menos efectiva debido a diferencias en la sensibilidad de los receptores dopaminérgicos y por ello no se recomienda su uso rutinario en esta especie.
La farmacocinética de la apomorfina depende en gran medida de la vía de administración. Cuando se administra por vía intravenosa (IV), su acción emética es muy rápida, iniciándose habitualmente dentro de los 2 a 5 minutos. Por vía intramuscular (IM) o subcutánea (SC), el inicio del vómito puede demorar entre 5 a 15 minutos. La vía subconjuntival, que consiste en aplicar la apomorfina en el saco conjuntival del ojo, también provoca vómito en un periodo similar, pero con una absorción más variable.
La apomorfina tiene una biodisponibilidad moderada a alta y se une en forma significativa a los receptores dopaminérgicos D2 en la zona gatillo quimiorreceptora (CTZ) del sistema nervioso central. Tiene una vida media corta, lo que limita su duración de acción y favorece su uso en procedimientos rápidos como la inducción del vómito en situaciones de urgencia.
Tras su efecto emético, la droga se metaboliza principalmente en el hígado y sus metabolitos se eliminan por vía renal. Su depuración es rápida, lo que permite que los efectos adversos desaparezcan con relativa prontitud, aunque en algunos casos puede ser necesario administrar un antagonista como la naloxona si la depresión del sistema nervioso central persiste.
La apomorfina puede provocar diversos efectos adversos, especialmente cuando se administra en dosis excesivas o en animales sensibles. El más frecuente es una depresión del sistema nervioso central, que puede manifestarse como letargia, somnolencia o incluso colapso en casos severos. Estos efectos suelen ser transitorios, pero pueden requerir tratamiento con antagonistas opioides como naloxona si son intensos o prolongados.
En algunos perros, especialmente si se administra por vía subconjuntival, puede producirse una irritación ocular, caracterizada por enrojecimiento, lagrimeo y molestias locales. Por ello, una vez logrado el vómito, es recomendable enjuagar el saco conjuntival con solución salina estéril para eliminar los restos del fármaco.
Otros efectos adversos posibles incluyen bradicardia, hipotensión, excitación paradójica, inquietud, vómitos prolongados o persistentes, así como ataxia o temblores musculares.
En gatos, los efectos adversos son más frecuentes y peligrosos, incluyendo hiperexcitación, vocalización, colapso, vómito no inducido, y depresión profunda del SNC. Debido a esta respuesta poco predecible y a la baja eficacia emética, su uso está desaconsejado en esta especie.
En casos de sobredosis o sensibilidad individual, los efectos adversos pueden intensificarse y requerir intervención médica urgente.
La apomorfina está contraindicada en diversas situaciones clínicas debido a los riesgos asociados con la inducción del vómito o los efectos farmacológicos del fármaco. No debe utilizarse en animales que hayan ingerido sustancias cáusticas (lejía, ácidos), bases fuertes, hidrocarburos (como gasolina), productos espumantes, o cualquier sustancia que pueda causar lesiones esofágicas o neumonía por aspiración.
También está contraindicada en pacientes con trastornos neurológicos, como convulsiones, trastornos del estado de conciencia o traumatismos craneoencefálicos, ya que el vómito inducido podría provocar complicaciones graves.
No debe administrarse en casos de obstrucción gastrointestinal, íleo paralítico, cuerpos extraños punzantes ni en animales con alteraciones respiratorias severas o dificultad para tragar, por el riesgo de aspiración.
En gatos, la apomorfina no se recomienda debido a su baja eficacia y alta incidencia de efectos adversos, como excitación o depresión del SNC.
Debe emplearse con precaución en animales geriátricos, debilitados o con enfermedades cardiovasculares, ya que puede producir colapso, bradicardia o hipotensión. Además, si el animal no ha ingerido alimento en las últimas 2 horas o ha vomitado espontáneamente, su uso puede no estar justificado.
La sobredosis de apomorfina puede provocar efectos adversos severos, principalmente por su acción estimulante y posteriormente depresora del sistema nervioso central. Los signos clínicos más comunes incluyen depresión profunda, colapso, bradicardia, hipotensión, ataxia, vómitos intensos o prolongados, temblores musculares y coma en casos graves. En algunos animales, también puede observarse excitabilidad paradójica o vocalización intensa antes de que se manifieste la depresión del SNC.
Cuando se aplica por vía subconjuntival, si no se enjuaga oportunamente el ojo luego de inducido el vómito, la reabsorción continua del fármaco puede contribuir a una exposición prolongada y aumentar el riesgo de toxicidad. Por eso, una práctica esencial tras inducir el vómito por esta vía es lavar el saco conjuntival con solución salina estéril para interrumpir la absorción residual.
El tratamiento de la sobredosis incluye medidas de soporte, como el control de la función cardiopulmonar, la administración de líquidos intravenosos si hay hipotensión, y, en casos necesarios, el uso de antagonistas opioides como la naloxona para revertir los efectos centrales depresores.
En gatos, incluso pequeñas dosis pueden provocar efectos adversos graves, por lo que la sobredosis es particularmente peligrosa en esta especie y se debe evitar el uso de apomorfina.
La información sobre la seguridad reproductiva y durante la lactancia de la apomorfina en animales de compañía es limitada. No existen estudios controlados suficientes en perros o gatos que evalúen los efectos teratogénicos, embriotóxicos o fetotóxicos de este fármaco. Sin embargo, dada su acción dopaminérgica central y potencial depresor del sistema nervioso central, su uso no está recomendado durante la gestación, a menos que los beneficios superen claramente los riesgos.
De forma general, se recomienda evitar la administración de apomorfina en hembras gestantes o lactantes, ya que los cambios fisiológicos durante estas etapas pueden alterar su farmacocinética, aumentando el riesgo de efectos adversos tanto para la madre como para las crías. Además, al tener buena penetración en tejidos, es posible que se excrete en la leche materna, lo que podría afectar a neonatos lactantes.
Por precaución, y en ausencia de estudios concluyentes, se sugiere restringir su uso a situaciones estrictamente necesarias y bajo monitoreo veterinario adecuado.
La apomorfina puede interactuar con diversos medicamentos, alterando su eficacia o aumentando el riesgo de efectos adversos. Debido a su mecanismo de acción dopaminérgico, fármacos que interfieren con la dopamina o con la neurotransmisión central pueden modificar su respuesta clínica.
Los agonistas dopaminérgicos pueden potenciar sus efectos, mientras que los antagonistas dopaminérgicos, como las fenotiazinas (por ejemplo, acepromazina), metoclopramida y butirofenonas, pueden bloquear sus efectos eméticos, impidiendo que se logre el vómito deseado. Por este motivo, no deben administrarse en conjunto si el objetivo es inducir emesis.
Los sedantes y depresores del sistema nervioso central, como los opioides, benzodiacepinas o barbitúricos, pueden aumentar la depresión del SNC inducida por la apomorfina, incrementando el riesgo de colapso, bradicardia o coma. En estos casos, es fundamental monitorear estrechamente al paciente y considerar el uso de antagonistas como naloxona si la depresión se prolonga.
No se recomienda su uso simultáneo con medicamentos antieméticos o aquellos que afectan el vaciamiento gástrico, ya que pueden reducir la eficacia del tratamiento con apomorfina. Asimismo, los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) pueden alterar su metabolismo y aumentar el riesgo de efectos neurológicos.
Siempre se debe considerar el historial farmacológico del paciente antes de administrar apomorfina, ya que su perfil de interacción puede comprometer la seguridad del tratamiento.
Última actualización: 03/08/2025 20:18